He muerto por vivir, he vivido mucho y muy deprisa. He sabido aprovechar los momentos que me brindaba la vida. Echar la vista atrás y recordar malos momentos no sirve para nada. Pensar una y otra vez en los errores cometidos, tampoco. Hice lo que creí que debía hacer, luché con uñas y dientes por mantener mis principios. Hoy en día siento que he vivido tanto que casi estoy lista a morir. Ha llegado el momento de la paz, la serenidad, de interiorizar en mi misma. Aún me quedan muchas cosas por hacer, muchas cosas por vivir pero ya no hay prisa, los deberes se han cumplido, ha llegado mi tiempo.
La vida me sigue regalando. Me ha regalado la oportunidad de disfrutarla y envejecer junto a una persona muy especial, en un entorno muy especial. Una pequeña familia de tres, quizás la verdadera familia que siempre soñé donde encontrare la paz.
Ha vuelto a mi la fuerza de la juventud. No hay nada que no pueda hacer si me lo propongo. Sé lo que necesito para volver a ser feliz y ahora lo tengo al alcance de mi mano. No me voy a dejar vencer por las adversidades.
Siento que ese buen día está llegando.
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