23 de febrero de 2010

La vida pasa deprisa

He aprendido que la vida pasa muy deprisa, más de lo que pensamos. A veces la felicidad depende sólo de nosotros mismos y no hay tiempo para dejarla pasar. Hoy volví a hacerlo, a ser directa y preguntar dejando todos mis miedos de lado. Demasiadas veces esperamos a que suceda esto o lo otro y antes de que nos demos cuenta ya no podrá ser, dejamos escapar la oportunidad. Si realmente se desea algo hay que ir a por ello, ser consciente de que quizás no sea posible y prepararse para aceptarlo pero jamás renunciar a darte la oportunidad de un si. Es mejor saber a ciencia cierta un no que quedarte para el resto de tu vida con la duda de que quizás hubiera sido un si y nadie se atrevió a plantear la pregunta.
He obtenido la respuesta y sé que mi vida va a mejorar mucho. No me importa lo material, no me importa tener más o menos. Me importa saber que él estará ahí junto a mi para darle un sentido a mi vida que perdí. Envejecer juntos.

Los valores más importantes de la vida

Estos valores los vamos aprendiendo con el pasar de los años y la experiencia. Hoy en día me parecen imprescindibles para ser feliz. Disfruto de mi juventud de 47 años porque sé que cuando tenga 70 la echare de menos :D


19 de febrero de 2010

A veces

Aprendiendo a vivir con mi tristeza para dar paso a la felicidad. El precio de sentirse inmensamente feliz es sentirse a veces inmensamente triste.


18 de febrero de 2010

Mea culpa

Persona, mujer y sumisa

Ante todo y por encima de todo soy persona. Mis principios básicos se han ido formando en este campo con el pasar de los años. He intentado cultivar mi mente como tal, lejos de convencionalismos y estereotipos, manteniendola abierta a toda la información que ha fluido hacia mi e intentando que fluyera de mi hacia los demás.
Soy mujer y me gusta serlo. Me gusta mi femineidad y la cultivo. Es un rasgo distintivo dentro de mi persona. Hombres y mujeres tenemos nuestras propias caracteristicas y nada puede ser mejor que el fomentar las propias en lugar de intentar invadir las ajenas. Aprovechar las buenas e intentar pulir las malas.
Soy sumisa. Es algo que he ido comprendiendo y aceptando en los últimos años. Mi sumisión no pasa por el abandono de la persona ni de la mujer, sino que es un complemento de ambas. No coarta mi libertad ni mi voluntad. Mi sentimiento sumiso ha nacido desde mi libertad, mi libertad de elegir y mi libertad de entregarme a quien lo deseo. Nada me ha hecho recuperar tanto la autoestima como el aceptar mi sumisión. Saber que todo ese camino recorrido y por recorrer como persona y como mujer tiene un fin que es el de la entrega y sentir el placer y el orgullo de tener algo que entregar, más allá del propio cuerpo. Saber que estoy preparada para abrir mi mente y mi corazón a la persona adecuada, para darle mi mano y caminar juntos. Dejarme llevar por él sin ser una carga para él, sino más bien ser su apoyo y su felicidad, su descanso ante la gran responsabilidad que es aceptar mi sumisión. Saber que el me aceptará desde su libertad asi como yo me entrego a él desde la mía.